La guanábana, un fruto que conlleva trabajo duro de los campesinos que la producen

Sacar el buen fruto del guanábano requiere un disciplinado trabajo de 9 meses y sus productores como Luis y Sergio la mayoría de veces no reciben el pago justo por su producto.

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Don Luis Maldonado y su hijo Sergio de Lebrija, Santander se levantan cada día a las 5 de la mañana en aquella rutina que caracteriza la vida del campesino colombiano. Sus días transcurren rodeados de árboles de guanábano. Todo el esfuerzo que ponen quisieron mostrarlo a través de Soy Campesino para que las personas sepan lo que cuesta sacar una cosecha, y así quizá sean conscientes al pagarles por sus frutos. Esto con la esperanza de un mejor futuro, una mejor calidad de vida que perdure en el campo.

Sus días pasan en procesar la guanábana. “Toda la vida, mi padre me ha enseñado a estar acá a cuidar el cultivo, a mantenerlo”, afirma Sergio para explicar el proceso. Todo inicia con una delicada flor pequeña en los árboles, la cual fumigan cada 20 o 30 días para evitar su caída. Después ellos saben identificar cuando está la “guanábanita” que deben polinizar para que pueda “cuajar”, si esto no se hace también se caerá el fruto, polinizan a diario, “ya que estos árboles están floreciendo todos los días”, concluye Sergio.

Además, deben fertilizar cada tres meses, lo que implica invertir en una cantidad de abonos pues son muchos frutos que en lo posible no se pueden perder y deben salir de buena calidad. Así, mientras los días avanzan entre los cultivos, en sus pensamientos carcome la preocupación por su economía, por los gastos para producir y lo poco que seguramente van a recibir por sus guanábanas y su trabajo en ellas.

La posibilidad y miedo de tener que irse del campo acompaña sus pensamientos. “Quiero que con esto la gente del pueblo se dé cuenta de que los campesinos estamos sufriendo y no estamos ahorrando nada solo trabajamos por trabajar y no se ahorra. Para que se den cuenta y nos paguen por nuestros productos lo que merecemos”, expone el joven campesino mientras a su padre le salen lágrimas al escucharlo. “Yo no quiero que mi hijo se vaya del campo porque es una única ayuda que yo tengo”, afirma.

“Yo me comprometo a producir una buena fruta si ustedes la gente del pueblo nos colaboran pagándonos a un buen precio nuestro producto para poder seguir trabajando en el campo”, propone Sergio. El compromiso de todos es entonces consumir más frutas, más guanábanas para nuestra bebidas y pagarlas a los campesinos como don Luis y Sergio al precio justo.

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Autor: Marysol Munévar R.

Comunicadora social - periodista en aprendizaje de la Universidad Externado de Colombia.

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