Gracias al arduo trabajo de los campesinos colombianos en las ciudades no se mueren de hambre

Los ojos de Colombia han vuelto la mirada al campo, la memoria colectiva del país ha sido sacudida por la pandemia del Covid19, muchas voces hoy manifiestan su agradecimiento a quienes armados de ruana, sombrero y azadón garantizan la producción y el abastecimiento de alimentos del país en tiempos de cuarentena.

Sí, en Colombia, los CAMPESINOS aún existen, son aproximadamente 14 millones de hombres y mujeres que desde sus veredas y parcelas producen comida para todo el país y garantizan, que en tiempos de pandemia, las ciudades se alimenten.

CAMPESINOS que producen para un país cuyo Gobierno se negó a votar y a reconocer sus derechos en una declaración universal ante Naciones Unidas.

CAMPESINOS que trabajan la tierra, aun siendo víctimas de la pobreza, los malos precios, la intermediación y la desigualdad, recordemos que el 75 % de la población ocupada del área rural tiene un ingreso mensual inferior a 1 salario mínimo y el 45,5 % de la población campesina, algo así como 6,5 millones de personas, viven en condición de pobreza.

CAMPESINOS que producen en un país que les niega el derecho a la educación, el 23,5% de los hogares rurales se encuentra en condición de analfabetismo y el 23 % de los jóvenes campesinos no estudian.

CAMPESINOS que siembran en un país que importa al año algo así como 14 millones de toneladas de alimentos; el 100% del garbanzo y la lenteja, el 95% del trigo y la cebada, el 80% del maíz y otro buen porcentaje de frijol, arroz, torta de soya, papa, cebolla y leche se producen en otras latitudes. Una imagen paradójica para un país con manos, agua y tierra suficiente para producir comida para todos.

CAMPESINOS que sacan su cosecha a lomo de mula por el mal estado de las vías, y ruegan a San Isidro por el agua bendita, ya que Colombia tiene tan solo 1,1 millones de hectáreas con sistemas de riego y drenaje de los 18,4 millones de hectáreas con potencial.

CAMPESINOS víctimas también de la intolerancia y los intolerantes, de la violencia y los violentos, de la indiferencia y los indiferentes.

En estas circunstancias tan complejas, el campesinado con amor y abnegación profunda, lleva a cabo su labor diaria, a pesar de las cifras y el abandono, los CAMPESINOS continúan existiendo, produciendo y resistiendo, la canasta básica alimentaria del país y nuestras mesas cuentan con comida gracias a ellos y ellas.

“La crisis que vivimos, puede ser también una oportunidad para pensar, discutir, opinar y construir el país que queremos, lo más patriótico, será mantener los aplausos, los agradecimientos y el reconocimiento luego de la pandemia”

Jorge Eduardo Díaz

Tras la cuarentena, nuestra responsabilidad, será insistir en la recuperación y reactivación del campo y del campesinado; reclamar precios justos, salarios justos y créditos justos; exigir una red pública de abastecimiento y mercados campesinos en todo el país, volver a nuestras raíces, repensar nuestro consumo, regresar a las plazas de mercado, comprar lo nuestro, apoyar la economía nacional y popular, construir Soberanía Alimentaria.

¡Hoy, ayer y siempre, Gracias Campesinos!

Autor: Jorge Eduardo Díaz

Ingeniero Agronómo e Investigador Universidad Nacional. Escribo sobre Agricultura | Alimentación | Ambiente | Educación | Paz |

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